Diario El Universo 11 de Junio del 2003
León Febres-Cordero
No soy santo de la devoción del doctor Eduardo
Castillo Barredo. Creo que él carece de la objetividad
e imparcialidad indispensables para opinar con la necesaria
independencia que debe caracterizar a un periodista,
en torno a mi fundamentada y totalmente documentada
denuncia del atraco de los bonos globales.
Hago esta afirmación, señor Director,
por la permanente y pública animadversión
que me tiene el doctor Castillo y acerca de la cual
él conoce los detalles. Ese desafecto, se trasluce
en su columna de opinión, cuando se refiere a
mi persona o a hechos y actos de mi ya larga vida pública.
Es, también, públicamente conocida la
simpatía de dicho periodista para con el doctor
Gustavo Noboa Bejarano.
Estos antecedentes son imprescindibles de decir, para
explicar el artículo ‘Prestidigitación
e ilusionismo’, que se publicó el pasado
viernes. Al margen de sus epítetos y metáforas
chistosas, hago tres serios señalamientos:
1. No es verdad que la única opción del
Ecuador era el canje de bonos. Y tan no es verdad que
Salomón Smith Barney le propuso al gobierno del
doctor Mahuad, del que el doctor Gustavo Noboa fue vicepresidente,
el canje o la recompra de la deuda, tal cual consta
en la carta de intención de octubre de 1999,
y en el testimonio escrito que el ex ministro Arízaga
entregó al Ministerio Fiscal.
2. No es verdad que las cuotas de repago de los bonos
globales resultaron “más pequeñas”,
como afirma el doctor Castillo. He probado que el Ecuador
ha pagado hasta hoy, innecesariamente, más de
1.000 millones de dólares que los que hubiese
pagado si se mantenía la deuda brady y los eurobonos.
3. No es verdad la tal “admirable operación
de ilusionismo”, a que se refiere el doctor Castillo.
Las cifras no mienten, señor Director, y para
mis cálculos matemáticos me basé
en hechos ciertos, que hicieron que el Congreso en pleno,
con 75 votos de 79 diputados presentes, hiciera propia
mi denuncia, disponiendo que la Fiscalía de la
Nación y la Comisión de Fiscalización
del Congreso inicien las investigaciones que están
avanzando a través de indagaciones previas e
instrucciones fiscales, y probablemente de un juicio
político, si el Congreso encuentra méritos,
que sí los hay y suficientes.
León Febres-Cordero R.
Guayaquil.
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