| Quito, Viernes 23 de Mayo de 2003
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Análisis de HOY
LFC contra GNB

Fiel a la imagen que tiene de sí mismo, el ex
presidente de la República, actual legislador
por el Partido Social Cristiano, León Febres
Cordero (LFC), expuso anteayer con gestos de espectacularidad
una gravísima denuncia en el Congreso Nacional.
Aunque LFC no se ha arriesgado a señalar uno
o varios delitos contra los intereses públicos,
presuntamente cometidos por el ex presidente Gustavo
Noboa Bejarano (GNB), el ex ministro de Finanzas, Jorge
Gallardo Zavala, y otros, en la renegociación
de la deuda externa y en la rehabilitación del
Banco del Pacífico, aquel está persuadido
de que se perjudicó al Estado en una cifra cercana
a los $9 000 millones; según LFC, se trata del
mayor atraco contra los fondos públicos, en los
últimos 23 años.
El daño patrimonial, según la denuncia,
se cometió en un desacertado canje de Bonos Brady
por los llamados Global. Esto, supuestamente, benefició
de modo extraordinario a los tenedores de papeles de
nuestra deuda externa. Además, se supone -el
denunciante no lo probó, y no era su obligación,
por cierto- que las autoridades del Gobierno pasado
se beneficiaron personalmente. Por ello, ha solicitado
que el Congreso plantee un juicio penal en contra de
GNB. Si acoge el pedido, el Legislativo deberá
procesar la denuncia, entregarla -si juzga conveniente-
al Ministerio Fiscal, el que tiene, por fuerza, que
configurar el o los delitos cometidos, y formular una
acusación formal ante el presidente de la Corte
Suprema de Justicia.
Esta arremetida de LFC contra GNB es un episodio, quizás
el más grave, del cruce de epítetos injuriosos
que se han dado entre los dos personajes, en los últimos
años. Es un escándalo político
de proporciones que no solo afecta a los involucrados,
sino a la imagen, prestigio y credibilidad de Ecuador,
de su sistema político y de sus instituciones
fundamentales: no hay que olvidar que se trata del ataque
furibundo de un ex presidente de la República
contra otro.
Estos elementos deben aquilatar los diputados y los
partidos políticos que los respaldan, la ministra
fiscal, los magistrados de la Corte Suprema; asimismo,
los medios de información. Es crucial que la
denuncia sea ventilada en irrestricto apego a las leyes
y, en todo caso, si se prueba el cometimiento de los
delitos, que los responsables sean castigados. Esto,
que se acaba de anotar, resulta de una obviedad abrumadora,
pero es importante subrayarlo por la politización
de la justicia -que es innegable- y por la judicialización
de la política -en lo que tiene una vasta experiencia
el Partido Social Cristiano-.
Los organismos y personas que, desde ayer, tienen en
sus manos la terrible denuncia, van a estar sometidos
a una presión política muy fuerte, así
como a una proporcional de la opinión pública.
A pesar de ello, hay que garantizar el derecho a la
defensa y la vigencia de un principio sustancial: la
presunción de inocencia, mientras una sentencia
no pruebe lo contrario.
Por lo dicho, quizás sea lo más conveniente
que el Congreso Nacional invitara de inmediato a GNB
para que exponga, ante el Plenario, las circunstancias
y razones que condujeron a realizar la negociación,
que es el sustento de la escandalosa denuncia de LFC.
El país necesita mirar el otro lado de la medalla.
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