| Miércoles, 4 de Junio del 2003
Los problemas políticos de la justicia
Editorial de diario El Comercio
El tema de la justicia es el más complejo y
sensible de la institucionalidad ecuatoriana. Aunque
hay que reconocer que existen esfuerzos por liberar
a su administración de la influencia de los juegos
políticos, se trata de una batalla cuyo desenlace
aún es imprevisible.
Para ello basta indagar sobre la falta de nombramientos
de dos jueces titulares de la Corte Suprema de Justicia,
la demora en utilizar el mecanismo de cooptación
para los reemplazos, mientras se recurre a conjueces
para suplir la inexplicable omisión, por cuanto
numéricamente es más fácil designar
a los suplentes que a los titulares.
El hecho de que surja en algunos bloques parlamentarios
un inusitado interés por el período de
los conjueces de la Corte Suprema y que acudan a la
Procuraduría General del Estado para que dilucide
una aparente anormalidad, advierte a la ciudadanía
de la proximidad de una gran controversia -no jurídica-
por la captación del poder de la Corte Suprema
de Justicia.
Como anticipo de este proceso, días atrás
el Presidente de la Corte Suprema hizo mención
a magistrados independientes, aunque sin precisar si
había otros que no lo fuesen y qué calificativos
merecían.
Luego del tiempo transcurrido en el período
democrático para solucionar la permanente amenaza
de la presión política sobre la administración
de justicia solo queda, por ahora, esbozar como hipótesis
una salida que se labre desde el interior de la función.
Toda intervención del Parlamento en esta materia,
por las experiencias soportadas, es nefasta y pensar
que una reforma política produzca algún
resultado independiente -no politizado-, resulta ingenuo.
Con seguridad existen magistrados probos y expertos
en sus respectivas salas; juristas independientes en
la sociedad y colegios profesionales idóneos
que puedan cívicamente coadyuvar a superar esta
grave falencia que sufre la República; por su
parte, la sociedad civil -que es la afectada diariamente-
no puede permanecer inerte y desesperanzada frente a
la posibilidad de un triunfo rotundo de la política
sobre la administración de justicia.
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