| Quito, Viernes 20 de Junio de 2003
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Tres (o cuatro) misterios
Por Jorge Ortiz
Esta fue una semana muy especial, repleta de versiones
y conjeturas, en que mucho más interesante que
lo dicho y lo hecho fue lo que quedó en el misterio.
Quedó en el misterio, por ejemplo, la razón
profunda de los cambios tan súbitos que ocurrieron
en las cúpulas del Ejército y la Policía:
¿hubo, como tanta gente asegura, un intento de
golpe de Estado (o, al menos, alguna conjura secreta
y nocturna) o fueron cambios programados con tiempo
y paciencia, para que el presidente Lucio Gutiérrez
pusiera en el mando militar a sus camaradas de armas
y en el mando policial a los camaradas de armas de su
cuñado Napoleón Villa?
Sea lo que fuere, los cambios fueron lo suficientemente
toscos como para levantar una ola de rumores en el peor
momento posible. Es que el paro de los sindicalistas
del petróleo, que casi estrangula al país
por la falta de combustibles, dejó ese ambiente
de convulsión y queja que es tan propicio para
asonadas y cuartelazos. Para enrarecer aún más
el ambiente, las organizaciones indígenas hicieron
unas amenazas sospechosamente inoportunas de levantamientos
y bloqueos, que reforzaron los rumores hasta generalizarlos.
Y, claro, cuando los mandos militares y policiales fueron
cambiados tan intempestivamente, del presunto golpe
ya hablaba medio país.
También quedó en el misterio (por lo menos
hasta el mediodía del jueves, cuando este artículo
era escrito) quién fue el emisario que, diligente
y obediente, le transmitió al presidente de la
Corte Suprema de Justicia las amenazas de un dirigente
político muy poderoso e imponente, que jamás
fue mencionado pero que todos sabemos quién es.
Y también quedó en el misterio el motivo
por el cual, con su reacción tan tensa y enardecida,
los diputados socialcristianos delataron que se habían
sentido tocados por la denuncia del doctor Bermeo. Confucio
decía: “Si tienes razón, ¿por
qué te enojas?, y si no tienes razón,
¿por qué te enojas?”.
Otro misterio insondable, muy pintoresco y tercermundista,
se refiere al cobro a los morosos incorregibles de sus
deudas con los bancos cerrados: ¿por qué
la actual administración de la AGD ha hecho en
cuatro meses lo que en cuarenta meses no hicieron las
otras administraciones? Y, sobre todo, ¿por qué
no están ya bajo investigación seria y
severa quienes, en lugar de cobrar las deudas, se dedicaron
a encubrir a los morosos y a sus testaferros? Y es que,
desde que asumió la doctora Salgado, el Ecuador
ha contemplado -sin disimular su dicha- el espectáculo
deslumbrante de los morosos alborotándose frente
a las oficinas de la Agencia de Garantía de Depósitos
para devolver el dinero ajeno antes de que les pongan
en sus sitios a punta de incautaciones.
Queda un misterio más: ¿los tres temas
misteriosos de esta semana no tendrán entre ellos
alguna vinculación profunda y obscura? Y es que
las interpretaciones abundan e inquietan, sobre todo
porque vienen de personas habitualmente bien informadas.
“Relata refero”, decía Herodoto:
“Como me lo contaron, lo cuento”. La interpretación
es esta: tanto la agitación política que
derivó en los rumores de golpe de Estado como
las presiones y amenazas contra las cortes de justicia
tienen el mismo propósito, aunque sus autores
puedan ser distintos: detener el cobro de las grandes
deudas y terminar con sobreseimientos algunos juicios
provenientes de la crisis bancaria de 1998 y 1999. ¿Será?
El tiempo lo dirá. |