| (El Comercio) Sábado, 21 de Junio del 2003
Por una justicia libre
¡Inaceptable! El doctor Armando Bermeo, presidente
de la Corte Suprema de Justicia, denunció: "He
recibido insinuaciones, mensajes y presiones; e inclusive
(el martes) con un emisario, amenazas que provendrían
de uno de los principales dirigentes políticos".
¡Inadmisible! La noticia de EL COMERCIO, amparada
en la confidencialidad de la fuente, según lo
estipula el artículo 81 de la Constitución,
añade: "En la Corte trascendió que
las presiones provienen del Partido Social Cristiano
y, específicamente, del ex presidente León
Febres-Cordero". ¡Intolerable! La sola posibilidad
de presiones y amenazas contra el Presidente de la Corte
ya es grave, pues estaríamos ante la más
siniestra de las prácticas políticas,
la institucionalidad jurídica sería una
ficción y los ciudadanos viviríamos extraviados
en un laberinto kafkiano.
Nuestra democracia es débil porque, entre otros
problemas, está sometida a la acumulación
insaciable de poder económico, político
y social por parte de un solo individuo.
Que los partidarios de los caudillos actúen
dirigidos a través de un celular es negativo
para la democracia pero se entiende como conducta de
los áulicos. Ahora bien, que un caudillo tenga
ingerencia en la administración de justicia de
tal forma que los magistrados actúen según
la voluntad de aquel, sería una conducta aberrante
que haría de la inseguridad jurídica una
práctica desvergonzada y que socavaría
la estructura institucional de nuestro país.
La independencia y autonomía de la Función
Judicial está consagrada en la Constitución,
justamente para evitar la politización de las
actuaciones de los jueces y la indefensión de
éstos ante el llamado de diputados revestidos
de inmunidad cuya actuación es básicamente
política. ¿Por qué algunos diputados
pretenden llamar, en las actuales circunstancias, a
comparecer al Presidente de la Corte? ¿Para tratarlo
con la grosería con la que trataron a Ramiro
Larrea, presidente la Comisión de Control Cívico
de la Corrupción, activo de la reserva moral
del país? ¿Para afectar la credibilidad
y la limpia trayectoria de Bermeo, con el objetivo de
destituirlo? En nombre de la institucionalidad, el Presidente
del Congreso tiene la obligación de impedir estos
intentos de amedrentar al Presidente de la Corte.
Despertar como Joseph K., en el proceso, de Franz Kafka,
y verse sometido a un juicio en donde no se sabe el
motivo por el que se es procesado es la situación
literaria que simboliza la más espantosa de las
pesadillas generadas por el totalitarismo.
Si en nuestro país el Presidente de la Corte
Suprema de Justicia puede ser presionado y amenazado
impunemente, entonces, los particulares, que carecemos
de fuero, de inmunidad y de poder, estamos condenados
a deambular en el laberinto sin salida del horror kafkiano.
En nombre de la institucionalidad, el Presidente de
la República tiene la obligación de proteger
la integridad del Presidente de la Corte.
Los que se creen dueños del país, aquellos
que querrían sembrar el miedo en los particulares,
esos que han concentrado tanto poder en sus manos que
resulta perjudicial para la democracia, pretenden un
presidente de la Corte Suprema que favorezca a sus amigos,
persiga a sus enemigos y, si le queda tiempo, haga justicia
al resto. Ciudadanas y ciudadanos: ¿hasta cuándo
aceptaremos que se quiera coartar la libertad de la
justicia? |