| Quito, martes 1 de julio de 2003
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ANALISIS DE HOY
El edificio de la discordia

El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Armando
Bermeo, denunció días atrás haber
recibido presiones y amenazas provenientes de un partido
y un conocido líder político. La opinión
pública identificó como responsables de
esa injerencia a León Febres Cordero y a los
socialcristianos.
Después, se desencadenó una arremetida
de Febres Cordero y el partido contra el alto magistrado
por la compra del nuevo edificio para la Corte Suprema
de Justicia. El primero ha dicho que Bermeo cometió
el mismo delito que Carlos Julio Emanuel: usar partidas
extra presupuestarias que debieron tener otro destino.
El líder político había denunciado
al ex presidente Gustavo Noboa y su equipo económico
por supuestas irregularidades en la negociación
de la deuda externa: los $11 586 482,80 que se transfirieron
del Ministerio de Economía a la Función
Judicial para la compra del mencionado edificio provendrían
de bonos globales, que debían servir exclusivamente
para la reestructuración de la deuda externa.
Por supuesto, en ningún caso le correspondía
conocer esto a Bermeo que había solicitado al
Ministerio de Finanzas fondos para comprar un inmueble
que era necesario para la Corte y la transferencia de
los cuales se hizo de una institución a otra
del Estado,
Además, la negociación del edificio contó
con el conocimiento de los magistrados de la Corte.
Insólitamente, un grupo de ellos lo ha negado.
Sin embargo, el lunes publicó HOY la foto de
la placa, con el nombre del pleno que agradece al presidente
Noboa por el edificio adquirido para la Corte. El Ministerio
de Economía entregó una partida para mejorar
el presupuesto de la Función Judicial a fin de
que la entidad adquiriera el edificio, que había
pasado de propiedad del Filanbanco a manos del Instituto
de Seguridad Social de las FFAA. En la compra, intervino
el Consejo de la Judiciatura; esta contó con
los informes favorables de la Procuraduría y
de la Contraloría General del Estado. El presidente
de la Corte no tenía por qué conocer los
trámites internos del Ministerio de Economía.
Más aún, el propio Febres Cordero, por
medio de su abogado Hernán Ulloa, exculpa a quien
recibió la partida en documento presentado a
la fiscal Mariana Yépez. Al referirse a la autorización
del ministro de Economía para utilizar los $11
586 482,80 para la compra del inmueble, dice textualmente:
“Claro está que de aquella transacción
no se puede responsabilizar, de manera alguna, al beneficiario,
pues aquel manejo económico y financiero es imputable
exclusivamente al Ministerio de Economía y Finanzas”.
En medio de todo está la disputa por la elección
de dos magistrados titulares. Y lo más grave
es que los partidos políticos creen que tienen
derecho a cuotas en esa elección y en la de conjueces.
Para cortar esa injerencia la Constitución prevé
el sistema de cooptación. Pero esta requiere
ser reglamentada por la propia Corte a fin de que no
haya manipulación e injerencias políticas,
los candidatos se presenten a los ojos de la opinión
pública, puedan eventualmente ser impugnados
y se asegure el más alto nivel ético y
profesional de los jueces. ¿Por qué el
temor a un procedimiento transparente?
Hay que preservar la independencia de la Función
Judicial como condición sine qua non para un
proceso de depuración. Ejecutivo y Congreso tienen
la obligación de respetar esa independencia y
los propios magistrados ser dignos de ella.
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