| El Universo (13/julio/2003)
Terrorismo político
Por Jaime Damerval
Como si fuera poco afrontar varias pesadillas a la
vez: los requisitos rigurosos de la dolarización,
los efectos de la guerra de Colombia, la ruina de la
industria e imposibilidad de nuestros productos para
competir, se ha desatado en el país una etapa
de terrorismo intelectual.
Oportunamente demostré que fue ilegítima
la designación de un diputado de la Izquierda
Democrática como Presidente del Congreso, en
circunstancias que la ley obligó a elegir únicamente
a un diputado socialcristiano. Hoy se pretende utilizar
ese argumento auténtico para destituir a aquel.
¿Qué ocurrió en el Congreso?: inicialmente
se dio un acuerdo entre Borja y Febres-Cordero, y todo
marchó a pedir de boca o a qué quieres,
es decir a medida del deseo de cada uno de ellos; hecho
positivo para la paz a pesar de la ilicitud de la indicada
elección. Pero también fue momento negativo
en que, por descuido runa, los lázaros de la
política derrotados en el escenario del Poder
Ejecutivo, es decir en la elección de Presidente
de la República, retuvieron el control del Poder
Legislativo y con él retomaron el control de
otras funciones o tribunales: Judicial, Electoral, Constitucional;
creo que en ese momento expiraron las posibilidades
del cambio que Ecuador requiere para sobrevivir; y el
Presidente Lucio Gutiérrez quedó más
vendado e inmóvil que un faraón. ¿Qué
quebrantó la paz? Un hecho ajeno, propio de otro
poder: la Corte, confirmando que el Legislativo y el
Judicial son vasos comunicantes.
El esquema político en 2003 repite el diseño
de 1984: Rodrigo Borja disputándose el Poder
Judicial con León Febres-Cordero. La situación
se ha agravado porque, lo que en el intervalo fue un
cuadrado, cuyas otras dos piezas fueron Osvaldo Hurtado
y Abdalá Bucaram, que lograron intercalar jueces
y diputados para beneficio colectivo, actualmente es
apenas una línea recta, soga de dos intereses
extremos, de los primero nombrados. ¿Qué
ocurrió en la Corte? ¡Que tiene que resolver
enjuiciamientos penales propios de un infierno aristocrático,
relativos a reales y supuestas infracciones de ex gobernantes
y banqueros! ¡Que los partidos políticos
para financiar sus campañas se deben a los banqueros
y entienden que deben nombrar –y hay un puesto
vacante– los jueces que sin duda los absuelvan!
El país, arruinado, saqueado económica
y espiritualmente, está sumido en una ola de
odio que no reconoce circunstancias atenuantes menos
la inocencia. Se quiere destituir al Presidente de la
Corte Suprema para asegurar la absolución o la
condena de alguno; y, como no cede, le imputan un delito
imposible, y reclaman que se presente al Congreso.
El Presidente del Congreso, del mismo partido que el
Presidente de la Corte, se opone a llamarlo, y hace
bien porque ya el Congreso no puede juzgar a los jueces:
es la razón por la que se pretende destituirlo.
Simultáneamente, Febres-Cordero denunció
al ex presidente Gustavo Noboa respecto de un contrato,
la renegociación de la deuda externa, donde supone
un delito, admitiendo no tener pruebas contra él,
y empujó a la Ministra Fiscal, afecta al PSC,
a pedir, al Presidente de la Corte, de la ID, que ordene
su prisión.
Los presidentes de la Corte y del Congreso deben permanecer.
La Corte debe llenar la vacante en la Sala Penal con
un personaje independiente. El Presidente de la Corte
debe desestimar el pedido fiscal. |