| El Comercio Lunes, 14 de Julio del 2003
El país de la regalada gana
Por Miguel Rivadeneira Vallejo
En este querido país las élites han impuesto
la pedagogía de hacer lo que les da la regalada
gana, sin que nadie pueda observarles. El que intente,
hay que descalificarlo. No aceptan ni siquiera que se
aplique la Constitución, leyes y normas vigentes,
paradoja de este mundo en que están alterados
los valores morales y éticos. Es decir, viva
el caos jurídico, al menos si afecta los intereses
de partido, grupo o particulares.
La Constitución dispone la fijación de
los límites de los gastos electorales y los partidos,
movimientos, organizaciones y candidatos independientes
deben rendir cuentas al TSE sobre el monto, origen y
destino de los recursos que usen en las campañas.
La Ley de Control y Gasto Electoral dispone sanciones
y que el aportante y las organizaciones, alianzas y
candidatos sean castigados con el doble del exceso del
límite establecido en el art. 10. Dirigentes
y diputados del Prian, al que pertenece el presidente
del TSE, Nicanor Moscoso, y del PRE no quieren pagar
las multas por los excesos que el propio TSE determinó
y desafían al mandato legal.
La Constitución y la Ley de Partidos establecen
que el partido o movimiento que en dos elecciones pluripersonales
nacionales sucesivas no logre el porcentaje mínimo
del cinco por ciento de votos válidos será
eliminado del registro y deberá cancelarse su
inscripción.
Hay ocho partidos que, según un informe del
TSE, no cumplieron con la norma luego de los cálculos
realizados: CFP, Libertad, Alfarismo, MPD, Socialista,
Liberal, Unión Nacional (Conservador) y Pachakutik.
Pero, como en el TSE existen vocales que pertenecen
a algunas de estas organizaciones (jueces y parte, que
la Constitución art. 123 prohíbe) y hay
otros que no están inmersos en este proceso pero
sospechosamente se muestran contrarios a la aplicación
de la norma legal.
Existe injerencia político partidista y legislativa
en la administración de justicia cuando la Constitución
proclama la independencia de las funciones. La intención
es echar abajo al presidente de la Suprema, Armando
Bermeo, porque denunció que recibe presiones
en el caso del ex presidente Noboa. Cayó en desgracia
y ahora existe hambre para que atienda con extremada
rapidez la sindicación y prisión del ex
Mandatario. Si hubo irregularidades en la renegociación
de la deuda externa y otros actos de su administración
(los casos de Aduanas, el cura Flores, la contratación
petrolera, Luis Villacís, Emanuel) que la justicia
actúe con diligencia, pero dentro del debido
proceso y con derecho a la defensa.
Y si el titular del Congreso, Guillermo Landázuri,
no le llama a Bermeo -aunque el art. 199 de la Constitución
establece que ninguna función del Estado podrá
interferir en asuntos de la Función Judicial-,
habrá que echarle abajo del cargo al que accedió
con los votos del PSC.
Contrasta la falta de acción fiscalizadora -no
solo discursos- por la lentitud en las acciones de la
Fiscal (más de un año para dictaminar
en el caso Filanbanco) y la rapidez en el caso Noboa.
Por qué no exigieron rapidez de la Fiscalía
y ciertos jueces en los procesos contra los banqueros
corruptos que fugaron del país y otros (caso
Mahuad). Por qué no han exigido el cobro de las
enormes deudas a los grandes morosos de los bancos cerrados
y que hoy se defienden de la acción de Wilma
Salgado. |