| Quito, jueves 24 de julio de 2003
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En el foso de los leones
Por Carlos Jijón
El Antiguo Testamento trae la historia de Daniel, contra
quien sus enemigos tramaron una conjura, acusándolo
de violar la ley y buscando el castigo de Darío,
rey de los persas. Daniel era un justo, y Darío
lo sabía. Pero, presionado por los fiscales,
y para librarse de ellos, ordenó traer al acusado
y arrojarlo al foso de los leones, diciéndole
estas palabras: “Que tu dios, al que sirves con
tanta constancia, te libre”.
Algo parecido acaba de ocurrir en Quito. La semana
pasada, el presidente de la Corte Suprema de Justicia,
Armando Bermeo, rechazó el pedido de la fiscal
Mariana Yépez de dictar orden de prisión
preventiva en contra del ex presidente Gustavo Noboa
Bejarano, acusado, por el diputado León Febres
Cordero, de peculado en la renegociación de la
deuda externa. La fiscal apeló, las últimas
horas del viernes, coincidiendo con una feroz arremetida
del bloque socialcristiano, en contra del propio presidente
de la Corte Suprema, a quien, a su vez, se acusó,
en las páginas de los periódicos, de nepotismo
y otros delitos.
Pues bien, en las últimas horas, Armando Bermeo
concedió la apelación solicitada por la
fiscal, para que sean los magistrados de alguna de las
dos salas de lo Penal de la Corte Suprema, quienes decidan
si se debe o no dictar prisión preventiva en
contra de Gustavo Noboa. Como Darío (ilustre
antecesor de Poncio Pilatos), Bermeo se lavó
las manos y echó a Noboa en el foso de los leones.
Porque él sabe mejor que nadie, que la Primera
Sala de lo Penal de la Corte Suprema, es controlada
por jueces a quienes la opinión pública
ha descrito como cercanos al Partido Social Cristiano.
Y el país ha sido testigo, de la feroz batalla
que se libra desde hace algunos meses para que el mismo
partido recupere el control de la Segunda Sala de lo
Penal, que perdieron después de la muerte de
uno de sus magistrados.
Dice el Antiguo Testamento, que cuando al día
siguiente, Darío, rey de los persas, acudió
al foso a presenciar el desenlace, se encontró
con que los leones no habían tocado a Daniel,
y pudieron sacarlo de ahí sin ninguna herida,
porque había confiado en Dios. Hombre de poca
fe, personalmente, yo no tengo esperanzas de que el
milagro se repita. Noboa ha sido echado al foso de las
fieras, y no tengo ninguna confianza de que a los nuevos
leones les interese si su víctima es justa o
no.
De Daniel, a tiempos más recientes, la decisión
de Armando Bermeo me ha recordado también cuando
Chamberlain, entonces primer ministro de la Gran Bretaña,
cerró los ojos ante el avance de Adolfo Hitler,
que acababa de tomar Polonia. Furibundo, el entonces
diputado Winston Churchill, fustigó a Chamberlain,
con una frase que haría historia: “Habéis
preferido el deshonor para evitar la guerra”,
le increpó desde su curul en el Parlamento. “Ya
tenéis el deshonor. Y tendréis la guerra,
a pesar de todo”. Palabras proféticas,
que ojalá no se apliquen a este caso. |