| Quito, martes 29 de julio de 2003
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Escándalo con cola

Ayer, el ex presidente de la República,
Gustavo Noboa, pidió asilo en la Embajada de
República Dominicana porque se considera víctima
de persecución política por parte del
ex presidente León Febres Cordero, que le acusó
del “más grande atraco de los 23 últimos
años” en la renegociación de la
deuda externa. Febres Cordero denunció con espectacularidad
en el Congreso un supuesto perjuicio al Estado de $9
000 millones en el canje de Bonos Brady por Bonos Global.
Aunque Febres Cordero nunca precisó el tipo de
delito que en esta operación se habría
cometido, acusó por ella al equipo que negoció
la deuda y a Noboa. La denuncia fue acogida, con inusual
celeridad, por la fiscal general del Estado, Mariana
Yépez que, enmarcando el supuesto ilícito
en la figura de peculado, pidió prisión
preventiva en contra del ex primer mandatario.
El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Armando
Bermeo, negó la medida de apremio personal; empero,
la Fiscal apeló de esta decisión y Bermeo
aceptó el trámite de apelación,
porque la ley lo obliga; en consecuencia, deberá
decidir sobre la prisión preventiva, por sorteo,
una de las dos salas de lo Penal.
En medio de todo esto, el presidente de la Corte Suprema
denunció presiones políticas y amenazas,
y la opinión identificó como los agentes
de ellas a Febres Cordero y a los socialcristianos,
que han desencadenado una campaña contra Bermeo.
El máximo tribunal de la Justicia ha sido escenario
de una lucha sin cuartel por la elección de dos
magistrados para completar los 31 titulares de la Corte
Suprema, con la mira puesta por el grupo de jueces afines
al PSC en ganar uno más en la Segunda Sala de
lo Penal, donde se ventilan causas de bulto, como la
de la propia acusación de Febres Cordero o la
de los ex dueños del Filanbanco. Llegó
a tal grado la desvergonzada pretensión que hasta
se propuso como candidato a magistrado de la Corte a
un abogado de Febres Cordero.
Técnicos como Walter Spurrier han señalado
que para decidir si el proceso de renegociación
fue beneficioso o contrario a los intereses nacionales
habría que establecer comparaciones y aquello
no es posible porque Ecuador fue el único país
emergente que incumplió el pago de los Bonos
Brady. “Los intereses que el país paga
por los Bonos Global son altos, pero reflejan la falta
de confianza de los agentes económicos en la
estabilidad del país”, asegura él.
Por su parte, el ex presidente Noboa contraargumentó
que la renegociación no solo no perjudicó
al país, sino que le permitió reducir
el capital de la deuda de $6 948 millones a $3 950 millones,
con bonos pagaderos a 12 y 30 años.
No cabe duda de que la acusación de Febres Cordero
responde a una evidente venganza política y que,
con ella, se ha constatado una vez más la politización
de la Justicia y, también, como en los vasos
comunicantes, el fenómeno inverso: una nociva
judicialización de la política.
El escandaloso vendaval político golpea sobre
todo a la imagen internacional del país, que
resulta maltrecha con un ex mandatario más que
saldrá del país con el sambenito de la
acusación de otro ex mandatario y con un saldo
negativo por el descrédito de la institución
judicial. En un país con esa imagen de canibalismo
político, ¿cómo admirarse que se
deban pagar altos intereses de los bonos de la renegociación
de deuda externa?
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