| Quito, miércoles 30 de julio de 2003
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CONTRAPUNTO
Llover sobre mojado
Por Diego Cornejo Menacho
Estoy consciente de que lo que escribo es algo así
como llover sobre mojado. Gasto tinta con el afán
-¿inútil?- de registrar un estado de ánimo
íntimo que, no obstante, por inevitable vanidad
periodística, creo que comparto con muchos ecuatorianos.
Trato de imaginar cómo se ve a Ecuador desde
el exterior y eso me provoca un estremecimiento, entre
tanto en la cabeza se me enciende un letrero que dice
‘Banana Republic’. Ropa de marca para vender
la paradoja en las tiendas caras de Miami, Madrid o
Sidney. Marca histórica del rezago económico,
político y cultural; gran pretexto para elaborar
planes de gobierno no solicitados en los impecables
gabinetes del Banco Mundial o del Banco Interamericano
de Desarrollo, en el corazón de Washington, con
envidiable vista al Potomac.
Un presidente más que es acosado por una justicia
politizada, que se esconde, busca refugio en una delegación
diplomática y ruega por asilo político.
Su rostro se incorpora a un prontuario que no merece:
Alberto Dahik, César Verduga, Ana Lucía
Armijos, Augusto de la Torre, Abdalá Bucaram,
Jamil Mahuad, Carlos Julio Emanuel, Santiago Bucaram,
Patricio Jamriska, Jorge Gallardo...
Es la moneda de la venganza que no para de rodar.
En el anverso, la justicia politizada; en el reverso,
la política judicializada. Sello y cruz de un
país que hace lo inimaginable por desacreditarse,
caricaturizándose, martirizándose, corrompiéndose
día a día. Y la conciencia de una fatalidad:
será así mientras viva el dueño
del país, el que prefiere llamarse ‘Perro
con hambre’ cuando muerde a sus enemigos desde
una curul legislativa. La imagen viva del canibalismo
político, antinomia de la democracia y el estado
de derecho, la explicación más certera
de por qué no podemos abandonar a nuestros fantasmas
y preferimos la decadencia.
El arrogante reclamo de una compañía
petrolera estadounidense en una corte internacional,
porque la Banana Republic es un país en ciernes,
que no termina de cuajar, cuyos ciudadanos y cuyas autoridades
no defienden sus propios tribunales, porque no creen
en sus leyes, en sus jueces, tampoco en eso, amorfo
y gaseoso, que se nombra con la palabra dignidad.
El Servicio de Rentas Internas (SRI) asegura que la
compañía denigra al Estado ecuatoriano
en el texto dirigido a un tribunal arbitral internacional
para que incaute fondos del país, aunque un reclamo
de devolución de un crédito por el Impuesto
al Valor Agregado (IVA) se viene ventilando en el Tribunal
Fiscal. La canciller de los indios guarda silencio.
El presidente de los coroneles se desentiende del tema.
Los diputados no tienen interés: oficialmente
están de vacaciones. Los partidos políticos
no respiran ni transpiran; lo harán cuando el
tema ofrezca ventajas electorales. Unicamente Elsa de
Mena, la directora del SRI, se ‘faja’ en
la gallera con valentía y razones; en la galería,
la embajadora Kristie Kenney toma fotos para enviarlas
a su esposo, en Santiago. Llueve sobre mojado dentro
de mí.
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