| Miércoles, 30 de julio del 2003
Asilo político y justicia ecuatoriana
Editorial del diario El Comercio
La columna que parte desde la caída y el asilo
del vicepresidente Alberto Dahik continúa imperturbable,
correspondiendo en esta oportunidad el atajo del asilo,
al reciente presidente Constitucional Gustavo Noboa
Bejarano. Este ultimo caso se produce -para mayor descrédito
nacional- en medio de la mayor turbulencia política
de los últimos tiempos. Intentos por desestabilizar
al Presidente del Congreso Nacional; presiones de legisladores
contra el Presidente de la Corte Suprema de Justicia;
renuncia de un magistrado de dicha instancia por supuesto
enriquecimiento ilícito aumentando las vacantes
del tribunal más alto de justicia del país.
Todo este caos enmarcado en la facilidad -en una administración
de justicia generalmente lenta - de dos figures jurídicas
que son claves para comprender el desconcierto nacional
que existe. La ligera tipificación de uno de
los delitos mas graves y complejos como es el peculado
y la agilidad con que se dictan medidas tutelares, con
especial predilección por la orden de prisión
preventiva.
La situación adquiere mayor gravedad cuanto
los otros actores, que por su protagonismo, pueden sufrir
igual asedio permanecen indiferentes. No se pronuncian
ni actúan en las evidencias de una incontestable
influencia política sobre la administración
de justicia, así como ante la falta de mecanismos
en el ordenamiento constitucional que permita restaurar
márgenes mínimos de seguridad jurídica.
No existe un proceso constituyente convocado o funcionando
como en 1998; la reforma política es un argumento
desgastado por el actual Gobierno y en el Congreso no
ha logrado articular ningún proceso serio de
ajustes constitucionales.
Pero lo más grave en el caso del pedido de asilo
político del ex presidente Noboa es que los fueros
establecidos para altos funcionarios de Estado son precarios.
Cuando existe la conjunción de fuerzas políticas
en el Congreso Nacional, en la Fiscalía General
o en las predilectas salas de la Corte Suprema se consigue
la máxima posibilidad de venganza en el país:
una prisión preventiva o el camino del asilo
político.
|