| Quito, miércoles 30 de julio de 2003
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Campaña contra ex presidente
No recuerdo si fue un periodista o un analista político
de los que estamos plagados, quien tuvo la desafortunada
ocurrencia de calificar al ingeniero León Febres
Cordero, de ‘dueño del país’
y digo desafortunada porque este caballero se lo creyó.
No de otra manera se puede entender que luego de no
haber asumido su función de diputado durante
más de cuatro meses, menospreciando a su electorado,
a sus coidearios y al Congreso mismo, aparezca con una
denuncia en pos de enjuiciar al ex presidente doctor
Gustavo Noboa, por la renegociación de la deuda
externa, que más huele a venganza personal, pues
en tal operación no existe apropiación
de fondos públicos por parte del ex presidente,
además de que ya nada de lo que se haga en este
caso redundará en beneficio del país.
Como se dio cuenta del fracaso de su denuncia, arremetió
contra el presidente de la Corte Suprema de Justicia,
quien denunciara ser objeto de presiones y amenazas
de parte de un conocido político al que le interesa
que dicho magistrado asuma actitudes que favorezcan
a sus intereses. No se entiende, o a lo mejor está
clarísimo, el deseo del ingeniero Febres Cordero
de que el presidente de la Corte mencione el nombre
de quien a ejercido tales presiones y amenazas, cuando
todo el mundo , el ingeniero incluido, entiende que
se trata de él, que tiene por costumbre actuar
de manera malévola y con fines protervos, para
usar los adjetivos que tanto le gustan.
También falla este intento debido a lo contrario
de la opinión pública, gracias a Dios,
entonces enjuicia el que el edificio del ex Filanbanco
en Quito se lo haya destinado para sede de la Corte
Suprema de Justicia, pretendiendo asimilar el procedimiento
adoptado para ello como semejante a lo hecho por el
ex ministro de Finanzas Carlos Julio Emanuel. En el
caso Emanuel se utilizaron fondos con fines incorrectos
y hasta corruptos, mientras que en el caso edificio
del ex Filanbanco no hubo distracción y menos
abuso de fondos públicos del Estado.
Es lamentable que el paso del ingeniero Febres Cordero
por la Legislatura y el Gobierno esté marcado
por su prepotencia y el escándalo.
Bolívar Echeverría Paredes
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