| Quito, jueves 31 de julio 2003
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Bendito asilo
Por Milton Pozo V.
No cabe hoy hacer una larga explicación de la
institución del asilo, pero es justo reconocer
que es fruto de la civilización griega y que
se implementa en distintas formas del desarrollo del
derecho político. Los tratadistas dicen que el
Templo de Zeus en Arcadia, el de Apolo en Efeso y el
Cadmo en Tebas, fueron expresiones de lo que modernamente
es la protección que un estado concede a los
acusados, condenados o perseguidos por delitos políticos,
para darles amparo físico y jurídico e
impidiendo su extradición.
Debemos decir con franqueza que los nueve mil millones
que denuncia el ingeniero Febres Cordero como supuestas
pérdidas del Estado ecuatoriano en la renegociación
de la deuda pública son una entelequia sin fundamento,
el ejemplo gráfico de una quimera, un castillo
de naipes. Tampoco se pueden desconocer los graves ilícitos
cometidos por varios funcionarios en el proceso de renegociación:
el pago descomunal de horarios por más de cuarenta
millones; la abrogación de funciones al crear
una comisión ad hoc; la venta ilegítima
de bonos con descuentos descomunales; la distracción
de fondos públicos en beneficio de los depositantes
del Filanbanco y del Pacífico e innumerables
violaciones de trámites, con las correspondientes
falsificaciones y alteraciones de documentos públicos.
Estos delitos fueron judicializados: se dictaron las
instrucciones fiscales, se pidieron las imputaciones
(que fueron concedidas) y las medidas precautelares
(léase prisiones), que fueron negadas, provocando
la apelación respectiva. En estricto sentido
jurídico las prisiones debieron dictarse por
la magnitud del daño (hablamos de 126 millones
de dólares) y por las pruebas presentadas.
Pero no existe desafortunadamente para el acusador,
el más mínimo indicio de que en este peculado
calificado, en este saqueo inmisericorde, haya participado
el ex presidente Gustavo Noboa, por lo tanto, solo en
su caso no procedía la prisión preventiva.
La pasión, el odio y la venganza han provocado
desgraciadamente, que la denuncia pierda credibilidad
y nuevos hechos políticos salpican una investigación
que debió mantenerse en el campo jurisdiccional.
La presión a la Comisión del Congreso
para que, violando conceptos, se convierta en comisaría
y tipifique delitos, unida a la retención ilegal
del ex presidente Noboa, demuestran que se han dado
definitivamente los supuestos para solicitar un asilo
político. La inoportuna declaración del
Gobierno Nacional, que contradice lo sucedido el domingo
pasado en el aeropuerto de Quito, demuestra un oscuro
acuerdo. Y, finalmente, buscando una notoriedad boba,
basada en que todos sus abusos son “patente de
corso” para buscar, cual tiburón, desaforadas
presas para liquidarlas, la directora de la AGD pretende
legalizar esta inquietud, diciendo que el hijo, el yerno
o cuñado del ex presidente “podrían
haber cometido irregularidades en el Banco Unión”.
Tan pueril acusación solo revela la ignorancia
y servilismo y total inseguridad jurídica que
estos hambrientos del poder han creado. Entonces si
se justifica y cabe decir: “Bendido asilo”,
para poder librarse de estos depredadores.
Así no podemos construir un país, cuando
por rencillas pueblerinas los últimos ex mandatarios
han sido acusados de delincuentes o perseguidos con
algunos casos injustamente. Con ello damos una percepción
al mundo de que todos los que han ejercido las máximas
representaciones políticas en el Ecuador son
vulgares delincuentes. |