| El Universo (01/agosto/2003)
Complemento a otra carta
Por Eduardo Castillo Barredo
El sábado anterior, en la sección de
Cartas, hube de referirme a la de un importante lector,
que no deja sin acotar mis artículos relacionados
con la persecución al ex presidente Noboa, ahora
en camino al exilio. Reduje esa carta a tres puntualizaciones,
en breves párrafos conceptuales, suficientes
para aclarar lo principal de sus acotaciones a mi artículo
‘De 9.000 millones a 126’. Pero no cabía
extenderme en desvirtuar una afirmación secundaria
y errónea, dicha al paso y como quien no dice
nada por ese lector: que, en relación a la última
emisión de bonos para reestructuración
de deuda externa, yo dizque creo “que se ha reducido
el perjuicio” a 126.4 millones de dólares
en bonos globales. Así que tengo que complementar
con este artículo mi carta del sábado,
para no dar lugar a que se afiance el error por aquello
de que quien calla otorga.
Es erróneo atribuirme que yo crea que Noboa
ha causado algún perjuicio con los 126.4 millones
de dólares en bonos globales que sobraron, luego
de la reestructuración de deuda externa que terminó
y se liquidó el año 2000. Bonos sobrantes
que el ministro de Economía y Finanzas, dentro
de las responsabilidades personales y propias de su
cargo, destinó el año 2001 a otros fines
que los autorizados y dispuestos en un Decreto Ejecutivo
del ex presidente Noboa. Y no solo no creo que con esos
bonos sobrantes se haya causado perjuicio alguno al
Estado ni a nadie sino que, a lo menos en los casos
conocidos al respecto, más bien creo que se causaron
importantes beneficios públicos y privados.
Pero más decidor que lo que yo crea o no crea
son los hechos y los resultados. Los hechos conocidos
hasta ahora es que los bonos sobrantes sirvieron para
inversiones en dos bancos del Estado: Filanbanco y Pacífico,
que las requerían ante rumores desestabilizadores,
evitando ese momento, con esas inversiones, el riesgo
de liquidación forzosa de esos bancos, que le
hubiera costado al Estado, por su garantía de
depósitos, más de 530 millones de dólares,
además del riesgo de mucha mayor cuantía
por contaminación y colapso eventual de otros
bancos del sistema.
Los resultados fueron evidentes: se evitaron esos riesgos
de nuevos y mayores costos al Estado, así como
a todo el sistema financiero y sus usuarios. Más
aún: en el caso de Filanbanco se hizo justicia
devolviendo sus depósitos congelados a todos
los que tenían cuentas menores a 300 dólares,
es decir a los más necesitados: 293.075 depositantes.
Estos han de haber dicho: gracias por el “perjuicio”.
E igualmente agradecidos han de haber estado y de estar
los clientes del Banco del Pacífico, que aún
subsiste y va mejorando gracias, entre otras cosas,
al “perjuicio” de aquella inversión
temporal.
Esa inversión la devolvió íntegramente
el Banco del Pacífico al erario nacional y de
lo devuelto se financió la compra de un edificio
adecuado para “la Cenicienta” de las funciones
del Estado: la Corte Suprema de Justicia, cuyos magistrados
colocaron en ese edificio, con sus nombres, una placa
de imperecedero agradecimiento por el “perjuicio”
recibido. Como seguramente agradecida por el “perjuicio”
también quedó, junto con sus afiliados,
otra institución pública: el Instituto
Ecuatoriano de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas
(Issfa), que vendió el edificio y recibió
la plata. |