| Quito, Sábado 2 de Agosto de 2003 Diario
Hoy
El Coronel sí tiene quien
le escriba
Por Diego Cornejo Menacho
Señor coronel:
Admiro su pragmatismo radical. Le confiere a su personalidad
una envidiable sangre fría y una naturalidad
inesperada a la hora de ejercer el poder y de representarlo,
desentendiéndose de lo que dijo o prometió
en la campaña electoral.
No quiero caer en el tema del programa económico
de su Gobierno, tan trillado a la hora de recordar que
significa todo lo contrario de lo que ofreció.
Sus críticos no saben, o se niegan a admitir
que esa es una fórmula ganadora, aunque tiene
un costo: desfigura la imagen del presidente de la República
entre sus aliados. Por ello es que la única oposición
a su Gobierno ha surgido de quienes contribuyeron a
llevarlo a Carondelet. Bueno, no es la única.
También se escuchan algunas voces destempladas,
por disonantes, de algunos personajes que se subieron
a la camioneta a última hora y que lamentablemente
no encajaron en el círculo íntimo que
lo rodea y, con revanchismo, echan a correr rumores
emponzoñados, cuando no disparan críticas
cargadas de una ‘inocencia’ mordaz, como
las proferidas por su esposa.
Sangre fría dije. Por ejemplo, al momento de
olvidar que en la campaña usted aseguró
que haría lo imposible para que se produjera
un cambio de titular en el Ministerio Fiscal. ¿Lo
recuerda, señor coronel? En campaña, la
figura de la fiscal general de la Nación no jalaba
votos, en consecuencia había que sumarse a las
críticas que señalaban a esa mujer como
la personificación de la justicia politizada.
O, cuando es notoria la ‘química’
que existe entre usted y el ex presidente León
Febres Cordero, a pesar de que el Lucio Gutiérrez
candidato había dicho que todos los ex mandatarios
deben ir a la cárcel, por corruptos, y aun cuando
el ex mandatario se ha expresado en tono ríspido
respecto de su Gobierno. En la sesión solemne
por el aniversario de la fundación de Guayaquil,
la armonía con el leviatán de la política
ecuatoriana confirmaba que usted cuenta con su bendición
para gobernar. No puedo felicitarlo por ello. Más
bien espero que eso no sea nada más que un espejismo.
No hay que hacer mucha memoria para constatar lo que
sucedió con otros mandatarios que también
creyeron que la ‘química’ iba a durar
para toda la vida.
Sangre fría, dije. Sin lugar a dudas, usted,
señor coronel, resuelve los problemas que se
le presentan de manera práctica, aunque conservadora:
su fe en la gente de su confianza no le garantiza, necesariamente,
que tome decisiones o haga pronunciamientos acertados.
Ya se lo conoce por ser un presidente que cambia de
parecer rápidamente. Ejemplo: dijo que en el
país no hay perseguidos políticos, pero,
si el presidente Hipólito Mejía formaliza
el asilo, usted deberá otorgar salvoconducto
al ex presidente Gustavo Noboa, refugiado en la embajada
de República Dominicana. Y, si usted, en la hipótesis
de que, a contrapelo de la legislación internacional,
digamos, decide no conceder el salvoconducto, será
la prueba de que sí hay perseguidos políticos
en el país. El perro se muerde la cola.
Mejor habría sido que sus ministros opinaran
sobre el tema, no usted que quedó, como se ve,
entrampado en sus propias palabras, sin poder ser ‘salvado’
por la declaración de su secretario de Comunicación,
con aquello de que “el Gobierno nacional no tiene
por qué negarle ni concederle salvoconducto alguno”
a Gustavo Noboa.
Hasta el próximo sábado.
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