| El Comercio, 6 de Agosto del 2003
Encuentros y desencuentros
Por León Roldós Aguilera
Habían transcurrido pocos días de la
presencia de Gustavo Noboa en Carondelet, cuando me
pidió que vaya al Palacio para hablar de temas
de la Universidad de Guayaquil. En la antesala me encontré
con una persona muy cercana al Ing. León Febres
Cordero, que pasó a hablar con el presidente
Noboa saliendo minutos después.
Al ingresar al despacho, encontré que Noboa
estaba alegre, me pidió que la reunión
la pasáramos a otro día, porque había
recibido la invitación para un diálogo
en Guayaquil con el citado ingeniero, en que también
participaría su hermano Ricardo Noboa, presidente
del Conam, quien por algunos años había
interrumpido sus relaciones con el Patricio Social Cristiano,
cuando esta fuerza política se entendió
con Abdalá Bucaram para la Presidencia y Vicepresidencia
del Congreso Nacional en 1994. Noboa me explicó
que el PSC había comprometido su apoyo a la Ley
Trole I (que reformó varias leyes -con la que
yo tenía severas discrepancias-). Recordó
que en los primeros años que él trabajó
para la Industrial Agrícola San Carlos, donde
se jubiló, su jefe fue don Agustín Febres
Cordero Tyler, padre del ingeniero, el resumen fue "por
el resentimiento con Ricardo no me podían fallar".
En alguna fecha de octubre de 1998, con el Dr. Germánico
Salgado conversamos con Mahuad sobre la Ley que, al
mismo tiempo creaba la AGD y el impuesto del uno por
ciento sobre la circulación de dinero, nos dijo
que debía aceptar lo que el PSC quería
porque, por un lado, lo había apoyado electoralmente
y, por otro, era su única garantía de
gobernabilidad. Yo concurrí al Congreso y expuse
mis discrepancias, Germánico también lo
hizo.
En septiembre de 1996, invité a Abdalá
Bucaram a visitar la Universidad, la misma mañana
que él fue, se había entrevistado con
el alcalde Febres Cordero y en el estilo frenético
con que él hablaba me dijo que creía que
había llegado a un acuerdo importante que incluía
la designación en el Congreso de los ministros
de la Corte Suprema, por las vacantes entonces existentes,
y la aceptación de su Gobierno al proyecto de
Malecón 2000. No conozco los entretelones de
los acuerdos que definió Alberto Dahik, como
los contratos colectivos con algunos partidos políticos.
En poco tiempo en cada caso, las relaciones cambiaron,
los ex-presidentes Gustavo Noboa, Jamil Mahuad y Abdalá
Bucaram se declaran perseguidos políticos y,
Fabián Alarcón pasó un tiempo en
prisión preventiva. El ex-vicepresidente Dahik
también piensa que es perseguido.
De ocho ministros de Economía, entre agosto
de 1998 y enero del 2003, cuatro están con orden
de prisión y tres la tuvieron, (siete sobre ocho
encausados), de cuatro superintendentes de Bancos, dos
están procesados y también otros altos
funcionarios.
A más de lo ya mencionado, en su momento, los
enjuiciados tuvieron la protección de sus actuales
acusadores.
¿Cómo podría definirse lo expresado?
¿Luna de miel con entrega absoluta y luego rompimiento?
¿Tiempo de amor y tiempo de cólera?
¿Cómo llamar a los de la galería
de procesados? ¿Prófugos? ¿Perseguidos?
¿Por qué los encuentros se convierten
en desencuentros?
Lo que es evidente es que hay momentos de aprovechamiento
y otros de acusaciones entre los mismos actores. Un
rato, los padrinos los declaran virtuosos y luego los
acusan de demonios.
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